miércoles, 10 de diciembre de 2014

Intocables

En veinte minutos se lo sacó todo de la chistera. No sacaba ni palomas, ni conejos blancos, sacaba sentimientos. Sentimientos de amistad, de amor, de cariño, sentimientos sinceros. Podía llegar a cualquier persona con tres líneas de palabras, enganchadas una a una con hilo de pescar. Ese hilo transparente que hace que las palabras no se caigan de los renglones. Y que más da si son palabras o trazos, si los dos nos hacen sentir bien. 

Llegan momentos en los que tu chistera necesita canciones tristes y párrafos bonitos para sacar sentimientos. Los corchos llenos de fotos, preferiblemente en tonos blancos y negros y sepia, te hacen sacar cosas realmente bonitas sin que seas consciente.
Te puedes encalar durante minutos viendo esa foto que se hizo por casualidad a saber cuando. Una de esas casualidades que dejó en el mundo una imagen preciosa de la mujer que te dio la vida. Si miras sus ojos y su sonrisa, las lágrimas de emoción van deslizándose sobre tus mejillas y hasta los cristales de tus gafas se empañan. Y al final te quedas con esa. Esa que te hace sentir a cualquier momento. 
Al lado está aquella foto restaurada por unas manos fabulosas y que también es una de las "intocables". Los ojos con los que un día miró y con los que ahora miro yo. Esos preciosos ojos verdes que brillan allá donde esté. Fotos que muestran lo bonita que es la juventud y que demuestran que nunca es eterna. 

Llega la navidad y las fotos son los recuerdos materiales que nos quedan. De los que están y de los que se marcharon. Recuerdos eternos que siempre van a ser "intocables". Recuerdos que están muy bien guardados donde nadie los puede ver.



Dibujo sin terminar