Seguir arañando dentro y descubrir que sigues siendo un manojo de enriedos. Enriedos que se vuelven finos por el camino pero que siguen enganchandose en las entrañas de vez en cuando.
Solo el peine del tiempo es capaz de deshacerlos.
El brillo de esos ojos negros,
la sonrisa perenne,
las caricias con olor a vainilla,
los silencios llenos de palabras,
los te siento, desbordantes y dolorosos.
Los saltos con tiempo para abrir el parapente.
Las cartas que ya no se reciben en un día cualquiera,
que rozan, atrapan y construyen.
Rebobina y dale al play,
deja que suene lo que ha anidado aquí adentro,
y que no vuelvan a ser cristales rotos.
Sin miedos, con pausas, sin prisa...
Aquí y ahora
viernes, 6 de julio de 2018
jueves, 21 de junio de 2018
Sálvese quien pueda
Hay personas en peligro de extinción...
Las hay con escudo. Estas no dejan que nadie entre y si entran posiblemente no puedan salir. Atrapan.
A estas las llamo personas caparazón.
A estas las llamo personas caparazón.
Hay otras que abren su pecho en canal y sienten a su manera, sin miedos, con decisión. Afrontan los golpes y se reponen fácilmente. Estas son las gladiadoras.
Las que no están seguras de nada, titubean, piensan, piensan, piensan, piensan... y no actúan. Se dejan tantas cosas en el tintero que al final acaba derramándose encima del papel.
La indecisas, las "sí y no" al mismo tiempo.
Sin ataduras, de pistilo en pistilo, con las decisiones desordenadas y los sentimientos escondidos en la epidermis. Estas son las almas libres.
Las que no saben querer a medias, ni solo un poco. Se entregan y son pacientes. He aquí las personas paracaídas; las que a veces se olvidan de abrirlo.
Las que se dejan llevar pero por las manos de otrxs. Sienten a medias siguiendo mapas, se ponen muros, se hacen pequeñas. A esas las llamo las personas marioneta.
En la parte opuesta están las que se lanzan donde sea y sin mirar la altura. ¿Inconscientes? tal vez sí, tal vez no... No les importan los rasguños. Las personas incendio.
¿Cuántas más? infinitas con nombre y apellidos, en distintos puntos del planeta tierra, pero todas y cada una de ellas siguiendo los latidos de la piel, los que nos mueven por dentro y nos encienden el sentir.
Ahora diría que todos estamos en peligro de extinción...
Y tú ¿qué tipo de persona eres?
sábado, 2 de junio de 2018
Como lanzarse al vacío
Hay caídas que no duelen pero se hacen eternas,
como lanzarte a un cenote de cincuenta metros de profundo.
Impactas, te quedas sin respiración y en micromilésimas te hundes.
Sabes que te lanzas, pero no sabes como vas a caer.
Inevitable, como perder un anillo en el río y no llegar a encontrarlo.
Sentir que te arañan por dentro y poner las manos para que no ahonden más.
Protegerte de miradas que te hacen sentir en el borde de un precipicio sin paracaídas y que a la vez te transportan a casa, al rincón que más amas en el mundo.
Volar sin alas o con las alas de alguien que comienza a desplegarlas.
Desplegar tu siento, porque sientes aquí, en zona neutra y allá,
a kilómetros, a metros y a centímetros.
Y anotar en una libreta todas las veces que te has lanzado sin cuerda,
recordando las heridas de cada una de esas caídas, algunas ya cicatrizadas.
Porque si tienes por costumbre lanzarte al vacío, la adrenalina se convierte en una droga que te obliga a hacerlo de nuevo.
Y aunque "dejarse llevar suena demasiado bien", "que más da tirarse al vacío sin más".
como lanzarte a un cenote de cincuenta metros de profundo.
Impactas, te quedas sin respiración y en micromilésimas te hundes.
Sabes que te lanzas, pero no sabes como vas a caer.
Inevitable, como perder un anillo en el río y no llegar a encontrarlo.
Sentir que te arañan por dentro y poner las manos para que no ahonden más.
Protegerte de miradas que te hacen sentir en el borde de un precipicio sin paracaídas y que a la vez te transportan a casa, al rincón que más amas en el mundo.
Volar sin alas o con las alas de alguien que comienza a desplegarlas.
Desplegar tu siento, porque sientes aquí, en zona neutra y allá,
a kilómetros, a metros y a centímetros.
Y anotar en una libreta todas las veces que te has lanzado sin cuerda,
recordando las heridas de cada una de esas caídas, algunas ya cicatrizadas.
Porque si tienes por costumbre lanzarte al vacío, la adrenalina se convierte en una droga que te obliga a hacerlo de nuevo.
Y aunque "dejarse llevar suena demasiado bien", "que más da tirarse al vacío sin más".
miércoles, 28 de febrero de 2018
El segundo cero
No es nada nuevo ni especial que tenga que explicarse o repetirse una y otra vez.
Es algo que se comprende desde el segundo cero.
Cero lágrimas
Cero dolor
Cero corazones rotos
Cero suspiros
Cero abrazos
Cero caricias
Cero nervios
Cero recuerdos
Es imposible explicar que todo sigue, como todo lo que empieza por cero.
A todos aquellos que comprenden por sí mismos que todo sigue y la importancia de hacerlo.
A todos los que estuvimos en ese segundo cero que nos hace volver a la realidad.
Hasta siempre
martes, 27 de diciembre de 2016
Y ser libre (H)
Se dejó llevar por las olas. La marea la iba llevando cada vez más lejos. Levantaba la cabeza de vez en cuando para observar la orilla de la playa pero parecía no importarle la distancia.
Se dejó llevar y cuando volvió a levantar la cabeza de su tabla, la orilla había desaparecido. Estaba rodeada por azul, solamente por azul. Podía mojarse las manos con el azul verdoso del agua y respirar el azul intenso del cielo.
En ese momento levantó su cuerpo y se quedó sentada. No hacía pie, pero tampoco parecía importarle. La corriente la había sumergido en una situación en la que que nunca había estado, pero no sentía miedo. Más tarde una gaviota se posó sobre su tabla y comenzó a balancearla. Acabó cayendo al agua y comenzó a reírse. Tragaba agua e intentaba agarrarse a su tabla pero no dejaba de reír. Y allí estaba... con agua, con cielo, sin orilla y sin miedo. Era libre, y lo era porque se había dejado llevar.
¿Y si te dejas llevar? ... No sabrás donde te diriges, pero serás libre.
-Tus decisiones y la libertad de tomarlas-
lunes, 19 de diciembre de 2016
En estado puro
Tu historia es tuya, aunque la compartas. Solamente tú puedes sentirte de alguna forma especial al afrontar tus situaciones. Tú, solamente tú.
Un lugar… mil desafíos; la distancia... la “soledad”. Estando solo ante el mundo no puedes permitirte caer, aunque eso es solamente un conflicto entre tu corazón y tu mente. Caes, y no lo haces del todo, pero caes. Los recuerdos te transportan y te debilitas, es inevitable.
Y cuando vuelves a tu lugar te permites ser más débil… y ¿por qué?
porque tienes cerca a tu gente, tan cerca que puedes mirar a los ojos, abrazar y sentir las lágrimas, las tuyas y las suyas. Es sencillo. Eres fuerte, pero solamente tú eres capaz de convertir esa fuerza en debilidad al dejarte llevar.
Tus lágrimas hablan por sí solas...
No es debilidad, es sensibilidad.
Sensibilidad en estado puro.
viernes, 18 de marzo de 2016
(Des)ordéname
Cuando te escucho entrar, tiemblo. De amor.
Quiero decirte despacio que me encanta que hayas entrado aquí.
Que hayas llegado al límite y que lo hayas (des)ordenado todo.
Desordenando mi pelo, (des)ordenaste también mi vida. Ahora no se donde guardé los sentimientos oscuros. Supiste romper las fronteras como nadie y todavía no se como lo conseguiste. Lo cierto es que sí. Esa capacidad para desnudar los sentimientos...
Única, como las manchas de tus ojos, como tu locura.
Y es que todos necesitamos a alguien que (des)ordene nuestra vida y venga dejando las puertas de par en par para que pueda entrar el sol. Que nos haga sacar los bueno y olvidar donde guardamos lo malo. Que nos desordene por fuera y nos ordene por dentro.
Mi mundo es mejor desde que tú lo (DES)ORDENASTE.
Quiero decirte despacio que me encanta que hayas entrado aquí.
Que hayas llegado al límite y que lo hayas (des)ordenado todo.
Desordenando mi pelo, (des)ordenaste también mi vida. Ahora no se donde guardé los sentimientos oscuros. Supiste romper las fronteras como nadie y todavía no se como lo conseguiste. Lo cierto es que sí. Esa capacidad para desnudar los sentimientos...
Única, como las manchas de tus ojos, como tu locura.
Y es que todos necesitamos a alguien que (des)ordene nuestra vida y venga dejando las puertas de par en par para que pueda entrar el sol. Que nos haga sacar los bueno y olvidar donde guardamos lo malo. Que nos desordene por fuera y nos ordene por dentro.
Mi mundo es mejor desde que tú lo (DES)ORDENASTE.
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