sábado, 2 de junio de 2018

Como lanzarse al vacío

Hay caídas que no duelen pero se hacen eternas,
como lanzarte a un cenote de cincuenta metros de profundo.
Impactas, te quedas sin respiración y en micromilésimas te hundes.
Sabes que te lanzas, pero no sabes como vas a caer.
Inevitable, como perder un anillo en el río y no llegar a encontrarlo.
Sentir que te arañan por dentro y poner las manos para que no ahonden más.
Protegerte de miradas que te hacen sentir en el borde de un precipicio sin paracaídas y que a la vez te transportan a casa, al rincón que más amas en el mundo.
Volar sin alas o con las alas de alguien que comienza a desplegarlas.
Desplegar tu siento, porque sientes aquí, en zona neutra y allá,
a kilómetros, a metros y a centímetros.
Y anotar en una libreta todas las veces que te has lanzado sin cuerda,
recordando las heridas de cada una de esas caídas, algunas ya cicatrizadas.
Porque si tienes por costumbre lanzarte al vacío, la adrenalina se convierte en una droga que te obliga a hacerlo de nuevo.


Y aunque "dejarse llevar suena demasiado bien", "que más da tirarse al vacío sin más".

No hay comentarios:

Publicar un comentario