Se dejó llevar por las olas. La marea la iba llevando cada vez más lejos. Levantaba la cabeza de vez en cuando para observar la orilla de la playa pero parecía no importarle la distancia.
Se dejó llevar y cuando volvió a levantar la cabeza de su tabla, la orilla había desaparecido. Estaba rodeada por azul, solamente por azul. Podía mojarse las manos con el azul verdoso del agua y respirar el azul intenso del cielo.
En ese momento levantó su cuerpo y se quedó sentada. No hacía pie, pero tampoco parecía importarle. La corriente la había sumergido en una situación en la que que nunca había estado, pero no sentía miedo. Más tarde una gaviota se posó sobre su tabla y comenzó a balancearla. Acabó cayendo al agua y comenzó a reírse. Tragaba agua e intentaba agarrarse a su tabla pero no dejaba de reír. Y allí estaba... con agua, con cielo, sin orilla y sin miedo. Era libre, y lo era porque se había dejado llevar.
¿Y si te dejas llevar? ... No sabrás donde te diriges, pero serás libre.
-Tus decisiones y la libertad de tomarlas-