Es tan sencillo como saber que te mueres cada
vez que te mira. No existen los segundos vacíos ni la mente en blanco. Siempre
hay un mínimo detalle que te hace recordar, que te viene flotando y te arranca
una sonrisa.
Aprender a volar a medias. Apoyada en su
cuerpo. Aprender a decidir, hacer planes mirando más allá de tus intereses. Aprender
a complementarte. Nada te hará sentir mejor que el idioma de su piel. Sentimientos
inexplicables, esos que de vez en cuando, muy de vez en cuando, te cortan la
respiración. Los suspiros nunca fueron tan profundos en el mundo del suspiro. Las
miradas nunca fueron descifradas de esta forma. El color del iris de los ojos
nunca permitió ver tan adentro. Imaginarlo es bonito, pero sentirlo puede
llegar a ser maravilloso.
