Te sientas a contemplar por la ventana. Todas esas casas desordenadas, como tus ideas. Las chimeneas echan humo, el aire mece las palmeras, los molinos se mueven más que nunca. El día comienza a llegar a su fin y pronto llegará la oscuridad, pero de momento aprovecho para seguir mirando el paisaje. Todo sigue en movimiento, las nubes hacen carreras. Ahí afuera tiene que hacer un frío de mil demonios.
Es que aquí las cosas son muy diferentes. Camino mientras el aire frío me golpea la cara y siento que todo ese aire es para mí. Puedo respirar. Me siento libre. Sensación que vuelvo a sentir cada vez que cierro los ojos. El andar por encima de las rocas, siguiendo un sendero hacia alguna parte. Alguna parte que me haga perderme. Alejarme del ruido y adentrarme con paso firme entre la melodía de la vida, aquella que es capaz de calmar a cualquiera. Lugares perfectos que he pisado mil y una vez y que conozco como la palma de mi mano. Maravilloso. Algo que siempre estará aquí, esperándome.