domingo, 22 de diciembre de 2013

Pequeño


Aquellos años en los que cantábamos con el mando de la tele pensando que era un micrófono. Saltábamos por encima de los sofás utilizando una raqueta de tenis como guitarra. Quién no ha soñado alguna vez con ser una estrella. Te transportabas a un escenario e incluso oías al público gritar tu nombre. Cuantos sueños, cuanta imaginación y que sensación esa, la de estar encima de una nube.

Médicos, astronautas, bailarinas, cantantes, futbolistas. Un abanico de profesiones con las que todos hemos soñado. Todos te preguntan que quieres ser de mayor. Quizás, una de las decisiones más difíciles sea esa. Cuantas preocupaciones cuando llega la hora y no tienes nada decidido. Yo lo tenía claro, aunque antes de tenerlo claro también fui una soñadora.Y aun ni he empezado. Me queda mucho, muchísimo.

Siempre llega ese momento. Creces y debes decidir. El soñar con ser algo, eso que tan bien se te daba siendo pequeño, pasa a ser secundario. Piensas que algunos de tus sueños son inalcanzables y te agarras a lo fácil. Eliges una profesión que tenga salida y que pueda darte de comer en un futuro. Y no, eso no es lo fácil. Hay que conseguir alcanzar esos sueños por muy difíciles que parezcan. Los sueños están para cumplirlos y por qué no arriesgar.

Van a seguir existiendo siempre. Todos los niños del mundo se verán siendo héroes que salvan vidas. Seguirán soñando con tener fama, algo que parece fácil pero que después se va complicando un poco. Nunca cesará la imaginación. Y es que los grandes vienen de ahí, de los sueños "inalcanzables". 

En el momento que un niño conteste: "De mayor quiero seguir siendo yo mismo", algo habrá cambiado. El concepto de ser alguien en la vida habrá dado un vuelco importante. Todo pasará a centrarse en lo que se es y no en lo que se tiene.



Lo importante es ser uno mismo. Lo demás viene después. Primero ser personas y más tarde ya veremos lo que somos.




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