Cuando te escucho entrar, tiemblo. De amor.
Quiero decirte despacio que me encanta que hayas entrado aquí.
Que hayas llegado al límite y que lo hayas (des)ordenado todo.
Desordenando mi pelo, (des)ordenaste también mi vida. Ahora no se donde guardé los sentimientos oscuros. Supiste romper las fronteras como nadie y todavía no se como lo conseguiste. Lo cierto es que sí. Esa capacidad para desnudar los sentimientos...
Única, como las manchas de tus ojos, como tu locura.
Y es que todos necesitamos a alguien que (des)ordene nuestra vida y venga dejando las puertas de par en par para que pueda entrar el sol. Que nos haga sacar los bueno y olvidar donde guardamos lo malo. Que nos desordene por fuera y nos ordene por dentro.
Mi mundo es mejor desde que tú lo (DES)ORDENASTE.
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