Ardo,
sin querer, ardo.
Mi mente vuela
y se queja de la altura,
una altura de vértigo,
ese que sentí contigo.
Juntos ardíamos y lo sigo sintiendo.
Muy cerca, tanto que quema,
tanto que arde.
Hasta las palabras,
esas que se agarran a mis cuerdas vocales,
sin miedos, sin prisas, con males.
Ahora sangro,
como mi pluma sobre el papel,
como tus labios de miel.
Vivo, y lo hago sin ti,
sin tu vértigo,
sin tu ardor,
y sin tu miel.
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