miércoles, 28 de mayo de 2014

La preguntita

Qué duros eran aquellos domingos. Maleta, despedida y coche. Llegar y colocarlo todo. Uno tras otro. Cuanto cuesta adaptarse y cuanto cuesta "desadaptarse".

Y en un chasquido, dos años fuera. Una buena decisión esfumada y muchas más decisiones que tomar esperando muy cerquita. Otra vez con la dichosa preguntita. Si es que todo pasa muy rápido, aunque lo veamos a años luz...
Recogerlo todo, despedirte, llorar, seguir recogiendo, volver a llorar. Todo irá quedando a lo lejos. Las noches en vela durmiendo en el sofá y todo aquello que has conseguido en este tiempo. Así es como se aprende, como se valora el esfuerzo de tu familia. De esta forma se sabe quienes son los que están ahí de verdad, y yo ya me di cuenta hace tiempo. No tengo ninguna duda, ellos son a los que doy mil gracias. Por las palabras, por el apoyo y por todo.

Aguantar mirando todas esas pequeñas luces. Miles de luces que parecen minúsculas. Ver como se apagan las farolas del parque, una a una. Seguir viendo el parpadeo de esa que está estropeada desde hace ya tiempo. El sonido del tren a las tantas y a las pocas. Ese sonido al que no pensaba acostumbrarme nunca y que ya ni escucho. Muchas mañanas, muchas tardes, muchas noches, y todo aquí, conmigo misma. Ha sido genial.

Una vez más, desde el pisito enfrente de las vías.




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