jueves, 7 de enero de 2016

Amberes

La mayoría de las vidas están destinadas a viajar. Hay quien lo hace por ocio y quien tiene que hacerlo por trabajo.
Muchas de estas vidas se pasan la vida buscando su sitio. Ese sitio idóneo donde poder encontrar una media naranja, un medio limón o un medio aguacate; pero no se dan cuenta de que existen más cosas aparte de encontrar el "lugar perfecto".

Si viajas, te enamoras. De los paisajes, de la naturaleza, de la comida, de los bares, de las personas... Normalmente son las últimas las que retienen más, las que hacen que vuelvas, o tal vez que te marches lejos. 
La verdad es que se podríamos hacer un collage con todas las cosas buenas de cada lugar, aunque siempre habrá uno que recoja todo lo que necesitas, todo aquello que te llena por dentro.

         


La mayoría prefiere los lugares cálidos, donde las estaciones se reducen a una. El humor es diferente cuando te levantas a veintidós grados y te vas a la playa a darte un baño.
Pero existen lugares fríos donde se tiene que estar sí o sí. Donde el hielo mañanero congela los pelillos de la nariz.

El consuelo es que siempre se puede volver, a pesar del frío y de tantos kilómetros. Y siempre acabamos volviendo, ¿a dónde? a nuestro sitio, ese que siempre será nuestro sitio aunque estemos lejos, el lugar donde nacimos y donde hemos vivido siempre. Nuestro hogar, el que acoge a cualquiera y donde están las personas más importantes de nuestras vidas: la familia.

¡Hasta pronto guerrero!

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