De pequeños nos enseñan a compartir. Compartimos los juguetes, los lápices de colores, el sacapuntas.
Cuando crecemos, esto nos sirve para pedirle sal al vecino del tercero. Para compartir el mechero en la puerta de una discoteca o para intercambiar ropa con las amigas.
Compartir es bonito, pero en la vida hay cosas más importantes que se pueden compartir.
Momentos. Noches frías y noches calientes. Días lluviosos y días soleados. Sueños y locuras. Besos dulces. Abrazos. También silencios, pero nada como las miradas y las sonrisas. Señores, esto es compartir. Ahí está la clave. Es muy bonito dar y recibir.
La sal del vecino nos viene genial. El mechero nocturno en la puerta de la discoteca "ni pintao" y el armario de tus amigas acaba siendo tu segundo armario. Pero aún así, siempre será más bonito seguir compartiendo sensaciones, sentimientos y tu vida.
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